La inclusión del estado de flujos de efectivo, como documento de las cuentas anuales, constituye uno de los elementos relevantes que introduce el Nuevo Plan General Contable de 2007. Si bien este hecho constituye una novedad, el estado de flujos de efectivo no es un desconocido dentro del mundo empresarial, heredero del cuadro de orígenes y aplicaciones de fondos existente en el antiguo plan de 1990 y vigente en las cuentas anuales elaboradas conforme a las normas internacionales de contabilidad, el análisis de los flujos de efectivo es un instrumento esencial en cualquier estudio financiero.
Tal y como sucediera en 1990, la conjunción de ambas circunstancias, requerimiento legal y utilidad analítica, ha suscitado de nuevo el interés del mundo empresarial y su entorno académico por el estado de flujos de efectivo siendo el momento actual idóneo para profundizar en sus vertientes formales y empíricas.
¿Cuál es normativa internacional? ¿Existen diferencias con España? ¿Cómo se elabora el estado de flujos de efectivo? ¿Cuál es su origen? ¿Cuál es la utilidad de este estado? A lo largo del presente estudio profundizaremos en estas cuestiones y veremos como el estado de flujos de efectivo ha evolucionado desde herramientas anteriores hasta su forma actual y el impacto que ha tenido este desarrollo en el mundo de la empresa.
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miércoles, 8 de junio de 2011
Algunas cuestiones sobre el cash flow statement
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domingo, 24 de abril de 2011
Cash flow statement, métodos de elaboración (I)
Existen dos fórmulas para abordar el análisis de las actividades de explotación de una compañía: un método directo y otro calificado como indirecto. Ambas opciones se exponen a continuación.
El método directo diferencia los conceptos de cobros y pagos detallando todas las partidas que han supuesto un aumento o disminución del efectivo y equivalentes. La información se puede obtener de los libros contables de la compañía o ajustando las partidas de la cuenta de resultados con las variaciones en las cuentas de existencias, clientes y proveedores, teniendo en cuenta las partidas sin movimientos de efectivo como las amortizaciones y partidas que vayan a los capítulos de inversión o financiación. La mecánica de elaboración del cuadro a través de estos ajustes es análoga al método indirecto. Sin embargo, a diferencia de este último, estos ajustes no se presentan.
En el método indirecto, también conocido como método de conciliación, se obtiene el flujo de efectivo neto a partir de ajustes realizados sobre el resultado del ejercicio relativo a aquellas partidas que han incidido en su consecución pero no han supuesto movimientos de efectivo o equivalentes, y a aquellas otras que sí han incidido en el resultado y en el efectivo en periodos distintos como las variaciones en clientes o proveedores.
La elección de uno u otro método afectará fundamentalmente a la presentación del flujo por actividades de explotación no percibiéndose, en la forma, diferencias significativas para los flujos de inversión y financiación.
©Alfonso Pulido Velasco 2009
El método directo diferencia los conceptos de cobros y pagos detallando todas las partidas que han supuesto un aumento o disminución del efectivo y equivalentes. La información se puede obtener de los libros contables de la compañía o ajustando las partidas de la cuenta de resultados con las variaciones en las cuentas de existencias, clientes y proveedores, teniendo en cuenta las partidas sin movimientos de efectivo como las amortizaciones y partidas que vayan a los capítulos de inversión o financiación. La mecánica de elaboración del cuadro a través de estos ajustes es análoga al método indirecto. Sin embargo, a diferencia de este último, estos ajustes no se presentan.
En el método indirecto, también conocido como método de conciliación, se obtiene el flujo de efectivo neto a partir de ajustes realizados sobre el resultado del ejercicio relativo a aquellas partidas que han incidido en su consecución pero no han supuesto movimientos de efectivo o equivalentes, y a aquellas otras que sí han incidido en el resultado y en el efectivo en periodos distintos como las variaciones en clientes o proveedores.
La elección de uno u otro método afectará fundamentalmente a la presentación del flujo por actividades de explotación no percibiéndose, en la forma, diferencias significativas para los flujos de inversión y financiación.
©Alfonso Pulido Velasco 2009
lunes, 16 de marzo de 2009
Consideraciones respecto al Estado de Flujos de Efectivo
Si bien el cuadro de flujos de efectivo es una cuenta relativamente reciente, es indudable que su introducción como estado legal dentro de la normativa internacional ha elevado su protagonismo dentro del mundo financiero. En 1980 sólo el 10% de las 500 mayores empresas del mundo usaba una herramienta para controlar su generación de efectivo. El foco del 90% restante estaba en las variaciones del fondo de maniobra. Sin embargo, cinco años después la tendencia se había invertido y ya era el 70% de estas compañías el que se centraba en este estado como consecuencia de la introducción de la SFAS95 y el desarrollo de la legislación en el resto de los países occidentales.
No obstante, la implementación de este estado no está libre de postulados a favor o en contra de los planteamientos que los diferentes consejos contables internacionales han emitido sobre la herramienta. Muchas de estas cuestiones reflejan el grado de apertura de la norma y su indisoluble vinculación al marco legal de cada país -poco detalle y con referente en la jurisprudencia del mundo anglosajón, y minuciosas y rígidas en la Europa continental- Así, bajo el paraguas del FASB se demanda un estado más pragmático y adaptable en función del sector que permita al analista estudiar correctamente a la compañía y, por el contrario, en el caso de los países que han asumido los postulados de el IASB se solicita una definición clara y concreta tanto de métodos como de concepto que permita atender correctamente a los requerimientos legales.
En España, el evidente retraso en la adopción de una herramienta de estas características ha sido compensado por una normativa cerrada que, lejos de ser un inconveniente, va a ofrecer indiscutibles ventajas de cara al análisis. En realidad, se han producido dos cambios. El primero de ellos, en cuanto a la perspectiva, cambia la variable objeto de estudio, el fondo de maniobra -potenciado por el antiguo cuadro de orígenes y aplicaciones de fondos-, por una preocupación por los movimientos de efectivo coherente con las tendencias internacionales. El segundo de ellos tiene que ver con la adopción de las directrices marcadas por las normas internaciones de contabilidad, adaptación que, en el caso del estado de flujos de efectivo, no es plena y que llega a ser, en cierto modo, contradictoria con las mismas pues elige el método indirecto para determinar los flujos relacionados con las actividades de explotación - en contra de la recomendación de la IAS7-, y establece, además, un formato estándar para el estado que no se da en esta norma global.
Sin embargo, esta divergencia relativa a la elaboración del estado respecto a la regulación internacional va a suponer avances positivos en nuestro país al resolver gran parte de los problemas y limitaciones atribuidos al estado de flujos de efectivo, presentados en el presente trabajo, y fundamentalmente relacionados con la comparación entre compañías y la indefinición de determinadas partidas sujetas a análisis –como la delimitación de tesorería-.
En efecto, quizá debido a la novedad del estado, y a la falta de know how en el mundo empresarial respecto a su utilización frente a otras herramientas como el EBITDA - más fáciles de elaborar y utilizar-, ha tenido como consecuencia una cierta apertura en las legislaciones foráneas –al consentir diferentes métodos para la determinación del estado de flujos de explotación o la no estandarización de un modelo formal- que sería impensable si habláramos de un balance o una cuenta de resultados. Aún así, el plan español, en contra de las tendencias que se vislumbran en estas normativas, plantea una rigidez que favorecerá la consolidación en el mundo profesional y académico de esta cuenta , pero con el inconveniente de que, una vez más, nos alejamos de las directrices internacionales.
2008 ©Alfonso Pulido Velasco
No obstante, la implementación de este estado no está libre de postulados a favor o en contra de los planteamientos que los diferentes consejos contables internacionales han emitido sobre la herramienta. Muchas de estas cuestiones reflejan el grado de apertura de la norma y su indisoluble vinculación al marco legal de cada país -poco detalle y con referente en la jurisprudencia del mundo anglosajón, y minuciosas y rígidas en la Europa continental- Así, bajo el paraguas del FASB se demanda un estado más pragmático y adaptable en función del sector que permita al analista estudiar correctamente a la compañía y, por el contrario, en el caso de los países que han asumido los postulados de el IASB se solicita una definición clara y concreta tanto de métodos como de concepto que permita atender correctamente a los requerimientos legales.
En España, el evidente retraso en la adopción de una herramienta de estas características ha sido compensado por una normativa cerrada que, lejos de ser un inconveniente, va a ofrecer indiscutibles ventajas de cara al análisis. En realidad, se han producido dos cambios. El primero de ellos, en cuanto a la perspectiva, cambia la variable objeto de estudio, el fondo de maniobra -potenciado por el antiguo cuadro de orígenes y aplicaciones de fondos-, por una preocupación por los movimientos de efectivo coherente con las tendencias internacionales. El segundo de ellos tiene que ver con la adopción de las directrices marcadas por las normas internaciones de contabilidad, adaptación que, en el caso del estado de flujos de efectivo, no es plena y que llega a ser, en cierto modo, contradictoria con las mismas pues elige el método indirecto para determinar los flujos relacionados con las actividades de explotación - en contra de la recomendación de la IAS7-, y establece, además, un formato estándar para el estado que no se da en esta norma global.
Sin embargo, esta divergencia relativa a la elaboración del estado respecto a la regulación internacional va a suponer avances positivos en nuestro país al resolver gran parte de los problemas y limitaciones atribuidos al estado de flujos de efectivo, presentados en el presente trabajo, y fundamentalmente relacionados con la comparación entre compañías y la indefinición de determinadas partidas sujetas a análisis –como la delimitación de tesorería-.
En efecto, quizá debido a la novedad del estado, y a la falta de know how en el mundo empresarial respecto a su utilización frente a otras herramientas como el EBITDA - más fáciles de elaborar y utilizar-, ha tenido como consecuencia una cierta apertura en las legislaciones foráneas –al consentir diferentes métodos para la determinación del estado de flujos de explotación o la no estandarización de un modelo formal- que sería impensable si habláramos de un balance o una cuenta de resultados. Aún así, el plan español, en contra de las tendencias que se vislumbran en estas normativas, plantea una rigidez que favorecerá la consolidación en el mundo profesional y académico de esta cuenta , pero con el inconveniente de que, una vez más, nos alejamos de las directrices internacionales.
2008 ©Alfonso Pulido Velasco
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Estado de flujos de efectivo
miércoles, 7 de enero de 2009
Conceptualmente...¿Qué es un EFE?
Un Estado de flujos de efectivo es una herramienta financiera que muestra la variación neta del efectivo y otros activos líquidos equivalentes de la empresa a lo largo de un periodo.
Un cuadro de flujos de efectivo debe ser capaz de explicar cuál ha sido el origen y en qué se ha aplicado el efectivo de una compañía, entendiendo por efectivo (de forma general pues la legislación de cada país matizará estos conceptos ): la tesorería en caja, los depósitos bancarios a la vista e instrumentos financieros convertibles en efectivo a muy corto plazo.
El estado de flujos de efectivo permitirá evaluar dónde se está gastando el líquido disponible o cuáles son sus fuentes; la capacidad de asumir los costes de financiación de la deuda; el pago de dividendos; posibilitará la predicción de flujos futuros , facilitando la toma de decisiones por parte de los gestores de la empresa, así como el análisis de la misma por los receptores externos de la información. También dejará calcular la capacidad que la compañía tiene para generar efectivo haciendo posible la comparación entre periodos.
Si bien el estado de flujos de efectivo da lugar a conclusiones por sí mismo, lo cierto es que adquiere toda su potencia en conjunción con el balance y la cuenta de resultados. Un análisis conjunto con la cuenta de resultados permitirá chequear la estructura financiera de la empresa, así como diagnosticar posibles problemas de liquidez y solvencia. El uso junto al balance permitirá evaluar los cambios dentro del inmovilizado registrados en el estado de flujos de efectivo y cuantificar el impacto de los mismos sobre la estructura patrimonial.
Un cuadro de flujos de efectivo debe ser capaz de explicar cuál ha sido el origen y en qué se ha aplicado el efectivo de una compañía, entendiendo por efectivo (de forma general pues la legislación de cada país matizará estos conceptos ): la tesorería en caja, los depósitos bancarios a la vista e instrumentos financieros convertibles en efectivo a muy corto plazo.
El estado de flujos de efectivo permitirá evaluar dónde se está gastando el líquido disponible o cuáles son sus fuentes; la capacidad de asumir los costes de financiación de la deuda; el pago de dividendos; posibilitará la predicción de flujos futuros , facilitando la toma de decisiones por parte de los gestores de la empresa, así como el análisis de la misma por los receptores externos de la información. También dejará calcular la capacidad que la compañía tiene para generar efectivo haciendo posible la comparación entre periodos.
Si bien el estado de flujos de efectivo da lugar a conclusiones por sí mismo, lo cierto es que adquiere toda su potencia en conjunción con el balance y la cuenta de resultados. Un análisis conjunto con la cuenta de resultados permitirá chequear la estructura financiera de la empresa, así como diagnosticar posibles problemas de liquidez y solvencia. El uso junto al balance permitirá evaluar los cambios dentro del inmovilizado registrados en el estado de flujos de efectivo y cuantificar el impacto de los mismos sobre la estructura patrimonial.
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